Vivimos en una ciudad donde el pecado social, mencionado desde la catequesis, se ha instalado como algo normal. Lo vemos en signos sensibles al visitar un hospital, o al ver seguridad en unos barrios y otros no. La ética anda por el piso, sino aplastada ya por el peso de la indiferencia.
Jesucristo nuestro Señor vino para liberarnos de la muerte, que hoy veremos en todas sus fases. Porque la muerte física realmente no es la única, ni la peor.
Efectivamente se puede notar en muchas almas la desidia, el fastidio de existir, y eso es grave, porque ofende a nuestro Padre Creador, que todo lo ha hecho bien. Se padece una agonía social. Es fatalmente grave porque sumerge en la muerte anticipadamente. Limitar la vida. Reducir las posibilidades de paz, de libertad, de justicia, es una manera de destruir la vida.
Y si le puse por título a esta reflexión que la vida importa, no pretendo presentarlo como si fuese una novedad, aprovecho la ironía y el contraste que nos reporta la realidad, y lo hago porque pienso que se ha perdido la alegría de la vida en muchos corazones. Y lo más importante, hermanos, es nuestra vida, porque es única e irrepetible.

El sentido
Vivir no es trabajar. Se trabaja para tener, para dar y disfrutar de una vida con paz. Vivir no es solamente comer y divertirse; se come para vivir y descansamos también con recreos para que la vida sea más aprovechada. Vivir no es acumular títulos, ni conocimientos, sino que estudiamos para gozar más y mejor de la vida. Así trabajar, aprender, comer y descansar son elementos de la vida, o indispensables si se quiere, pero no son la vida. La vida es en el amor, o no es. El que ama y es amado lo sabe, y el que no, también lo sabe. Y es cuando se descubre el sentido de la vida. Hace un tiempo en una publicidad alguien hacía esa pregunta: ¿Cuál es el sentido de la vida? Precisamente para indicar el punto como imposible de responder, dejando la respuesta en el aire.
Pero nosotros los hijos de Dios tenemos la respuesta y la estamos leyendo en las páginas bíblicas diariamente (1 Jn 4, 7-13).

La clave de la fe
Tener fe es también hoy un punto de controversia, porque pareciera que conviven diferentes maneras de creer en Dios, y eso tampoco es válido. Es que la misma Escritura revela que hay UNA SOLA FE. Es bueno leer y meditar con cuidado por ejemplo el capítulo 8 de la carta a los cristianos de Roma. Y lo veo oportuno por la destacada vida en el Espíritu que se muestra absolutamente necesaria para que se testifique de esa única fe. O sea, no es adherir con simpatía a ciertas cosas de la fe cristiana, no. O uno vive en el Espíritu, o sencillamente no es cristiano, porque cristianos son los animados por el Espíritu de Cristo. Tener fe se verifica en una certeza de realidades invisibles, pero que dan sentido y orientan todo nuestro vivir.
Lo que se nota en las calles se ve también en ámbitos religiosos, me refiero a la inercia, a los esquemas, a la pérdida de sentido. Porque en definitiva, vivimos de acuerdo a lo que creemos. Y si vivimos así…

Respecto al amor
Y si el sentido del vivir está en el amor, este amor tiene dos direcciones sin dudas: recibir de Dios para dar a los demás. Las dos son necesarias para la VIDA. Es verdad y ya lo expresé en artículos anteriores, que el aspecto de recepción de parte de los demás no está bajo nuestro control. Claro, no podemos hacer que nos amen. Pero si, podemos amar, y podemos hacerlo bien, como Cristo el Señor nos enseña. Con sabiduría, con paz, siendo luz con parábolas y signos, en definitiva: en el Espíritu.
Sin el Espíritu Santo obrando en nuestro ser no hay vida cristiana posible. No lo será realmente; naufragará en las costas de las adversidades, se hundirá en las tormentas de los disgustos, se romperá al chocar contra la dura realidad del entorno. Dios es Espíritu, Dios es Amor; si no vivo en el Espíritu no vivo en el amor.
Jesús, el Buen Pastor, nuestro mejor amigo, vino para darnos vida y una vida abundante (Jn 10, 10b), no una cosa mediocre, más o menos; ¡no! Es algo precioso, pleno, total. Nuestro Dios Amor nos quiere en su Reino de amor a plenitud de gozo constante, independientemente de las circunstancias. No te lo pierdas; y si lo alcanzaste, no te bajes. La vida es amor y como lo dice tan puro y claro mi sobrina: La vida sin amor no tiene sentido.
Paz y bien a todos los que viven en el amor, o se han despertado y lo harán...
Daniel D’Agostino

 
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